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EL SECRETO DEL CUADRO
Miriam Yanco
Había una vez un cuadro colgado en el living de la casa de la Bobe Delia.
No era precisamente un cuadro grande, mas bien era tamaño mediano. El marco era de color
marrón, parecido a tantos otros marcos. Pero este cuadro en particular, era antiguo y muy llamativo. Claro, depende de quien se tomara su tiempo para observarlo. La pintura mostraba a dos hombres corriendo en un campo, o
también podía ser un bosque, porque árboles se veían. Uno de los hombres era un poquito mas viejo, el otro en cambio era mas joven; o al menos eso
parecía. Ambos vestían sobretodos largos. Uno con sombrero, el otro con
kipa. Por debajo de sus abrigos, asomaban los tzitzit de cada talit que
vestían. Se parecían mucho a los que la mora había explicado como
jasidim.
Pero había " algo" una " cosa" un objeto, que no se distinguía que era y que
sostenían entre sus brazos mientras corrían.
El nieto de la Bobe Delia siempre preguntaba:
- ¿Por que corrían esos hombres? , ¿Que cargaban en sus brazos?, ¿Por que sus rostros eran de
preocupación?.
En realidad nunca recibió ninguna respuesta que lo conformara. Y si alguien inventaba alguna historia, el sabia muy bien que no era cierta.
El nieto de la Bobe Delia pensó que tal vez no querían contestar a sus preguntas. Probablemente
algún secreto se escondía dentro de aquellas imágenes, pero ¿cual?. O la verdad era tan
difícil de explicar, que si alguien la conocía no se animaba a decírsela.
La situación se repetía una y otra vez. Cada oportunidad en que el se acercaba a
algún adulto, con sus inquietos ojos verdes, y comenzaba a preguntar sobre el cuadro, lo miraban casi con miedo. Y cuando sus rosados labios empezaban a pronunciar ¿Por que?, ¿Como?, ¿Cuando?, y... ¿Entonces?, Los adultos se
ponían nerviosos y se volvían sordos. Bueno... en realidad... este... claro... ¿hiciste tu tarea?
Siempre la misma vacilación. ¿Acaso pensaban que el era un tonto?.
¿No sabían que ya había cumplido diez anos y estaba en quinto? La mora del shule simple
respondía a sus preguntas. En cambio en la casa de la Bobe Delia no.
Su curiosidad aumento mucho mas ante el silencio de los otros.
Un día, el nieto de la Bobe Delia miro, miro, y miro... y de pronto, como sucede en los dibujos animados de la
televisión, los personajes saltaron del cuadro y se sentaron a su lado.
El nieto de la Bobe Delia se puso duro de miedo, no podía hablar, no hizo
ningún gesto, y no se animaba ni siquiera a mirarlos.
Ellos le sonrieron y acariciando su cabello rubio le preguntaron:
- ¿Como te llamas?
El nieto de la Bobe Delia pensó: ¿Estaré sonando? . Pellizco su brazo y ¡vaya que grito dio! .
Definitivamente lo que estaba pasando era absolutamente real.
Un poquito ansioso y tembloroso el contesto:
- En el shule me dicen Gaby.
Los señores lo miraron extrañados.
Es el diminutivo de Gabriel - agrego el nieto de la Bobe Delia-, pero se dio cuenta que no lo
entendían. Claro ellos pertenecían a otra época, -pensó- a otros anos de la historia del mundo, cuando el nombre Gabriel aun no se usaba diariamente.
Gaby continuaba rígido, mudo. Entonces los hombres le preguntaron:
- ¿Por que siempre que venís a visitar a la Bobe nos miras? ¿Por que pasas horas y horas frente a nosotros
observándonos?
Al escuchar el tono cálido de sus voces, Gabriel se aflojo y se sintió
mas tranquilo. Entonces en lugar de responder, se animo a preguntar:
- ¿Quienes son ustedes?, ¿Por que tienen esa cara de preocupación?, Y lo que mas me interesa, ¿Que esconden entre los brazos? .
Sus palabras se apretujaban en la garganta, era tanto lo que quería preguntar, que apenas le alcanzaba el aire de la
respiración. Debía apresurarse, o tal vez ni hiciera a tiempo de saber el secreto del cuadro.
Los señores se miraron sin saber que responder, y lo interrogaron con mucha seriedad:
- ¿Por que tenes tanto interés en saber que tenemos escondido entre los brazos?
Tratando de disimular la creciente ansiedad que sentía, Gabriel afirmo:
- ¡Es simple curiosidad!.
Los protagonistas del cuadro murmuraron algunas palabras, y con voz suave y pausada comenzaron a narrar:
- Mi nombre es Herzque, dijo el mayor de los dos, y mi amigo se llama
Yankl. Los dos
vivíamos con nuestras familias en un país que se llamaba Polonia, en la ciudad de Lodz.
Coria el año 1939, es decir, hace mucho tiempo. Era una época muy difícil
para nosotros los judíos, porque se había declarado la segunda guerra mundial.
Gabriel los escuchaba atentamente. Sus oídos, como las antenas de televisión
que se ven en las rutas, no perdían una sola palabra. Los ojos absorbían
cada movimiento de aquellos que relataban lo que para el, era uno de sus mayores deseos; conocer el secreto del cuadro.
- Alemania, - continuo Yankl, el de la kipa, - había invadido Polonia y como odiaban a los
judíos, los encerraron en ghettos. ¿Sabes lo que es un Ghetto?.
Gabriel asintió con la cabeza, como si supiera de lo que hablaban.
En realidad aunque había escuchado esa palabra muchas veces, no tenia muy claro lo que
quería decir. Sin embargo, no se animo esta vez a interrumpir el relato. En todo caso, le
preguntaría a su mora que siempre le explicaba todo.
- Los judíos encerrados en ghettos vivian en muy malas condiciones, agrego
Hertzque, y cuando eran demasiados,
venían los soldados alemanes, los metían de a miles en trenes y los enviaban a campos de trabajos forzados.
Allí muchos morían solos o los mataban.
- ¿Escuchaste hablar de Hitler y de sus intenciones para con los judíos
del mundo? - quiso saber Yankl.
A esta altura de la narración, Gabriel pensó en sus abuelos, y no pudo dejar de sentir una profunda pena. Con tristeza les contesto:
- Mis abuelos también nacieron en Polonia, solo que ellos lograron escapar antes de que los encerraran en el Ghetto
- Aja, - replicaron los dos-, entonces sabes perfectamente de lo que hablamos.
- Nosotros igual que tu Zeide y tu Bobe, alcanzamos a escapar, solo que casi no llegamos a tiempo, y por eso, en el cuadro, nos ves preocupados, apurados y corriendo. Fue una de las ultimas oportunidades que hubo para salir de aquel infierno.
De pronto callaron. Sus ojos se entornaron como si retrocedieran en el tiempo y la
situación los atrapara nuevamente. Algunas lagrimas rodaron por sus mejillas, Gabriel casi
sintió que el mismo corría con ellos; sin embargo no pudo dejar de insistir:
- ¿Entonces que escondieron entre sus brazos?
La curiosidad enrojeció su rostro. Sentía que estallaba ante la revelación
del secreto.
Hertzque y Yankl mas calmados, confesaron que, luego de haber meditado bastante, decidieron llevar dos libros de la tora del shil de Lodz.
- ¿Como es posible?, -vocifero Gabriel-. En un momento tan difícil, cuando uno
pensaría en comida, abrigo, dinero... ; ¿¡Dos libros de la Tora!?
Los judíos del cuadro comprendieron que Gabriel debía aprender que en la vida, no solo es importante saber hacia donde nos dirigimos, sino
también conocer de donde provenimos. Por ello le explicaron:
- Si el egoísmo se hubiera adueñado de nosotros, -explico Hertzque- solo
hubiéramos pensado en nuestras pertenencias. De haber sido así, ¿Como hubieran podido saber las generaciones siguientes sobre las aventuras y misterios que encierra nuestra
Tora?, ¿Quien les
habría contado a los niños, las hermosas historias de vida de nuestra
Tora?.
Gabriel se avergonzó y sus mejillas se inflamaron. ¿Acaso podía contestar que muchas veces el no
había prestado atención a la mora y a sus explicaciones sobre la Tora?.
- ¡Era absolutamente necesario que preserváramos y cuidáramos los rollos de la
Tora!!!. Quizás cuando tengas tus propios hijos, comprendas lo que hoy afirmamos - concluyo
Yankl, con voz firme y
enérgica.
Gabriel comprendió. Las palabras sobraban. Su corazón latía con fuerza. No solo ahora
conocía el secreto del cuadro, sino que había aprendido el valor del mismo.
De pronto se escucho el ruido de una puerta cerrarse. Hertzque y Yankl se sobresaltaron. Se acercaron a Gabriel, lo besaron dulcemente y le susurraron con un hilo de voz:
- Cada vez que te detengas a observarnos, - se despidio Hertzque-, detené tu vista en mi ojo izquierdo;
allí, por encima de mi lagrima pintada, descubrirás un parpadeo. Eso significara que estoy
acompañándote a ti y a la vida de todos los judíos de la Argentina. ¡No te olvides!, insistieron los dos con mucho
ímpetu. Y antes de que alguien mas se enterara de lo ocurrido, como por arte de magia retornaron al cuadro.
Emocionado aun por la experiencia vivida, Gabriel noto que su mama se paraba a su lado. Apenas
podía disimular su alteración.
- ¿Que te pasa hijo?, - lo interrogo su madre; y agrego: - ¿Acaso rompiste algo y no me queres contar?.
- No mama, sonrió Gabriel, solo estaba mirando el cuadro en el que esos dos
judíos están huyendo a través del campo de Polonia, y sostienen dos libros de la
Tora.
La mama, boquiabierta de asombro, no supo responder. Su hijo, su pequeño
y travieso hijo, acababa de poner en palabras, el significado del celoso secreto del cuadro, tan bien guardado hasta ese ida.
Como lo había averiguado, no interesaba. Si importaba y mucho, el tremendo orgullo que su
corazón de madre palpitaba. Con gran satisfacción abrazo a Gabriel, y por ese
día se despidieron del cuadro...
El cuadro continuó y continúa hoy colgado en la casa de la Bobe Delia. Pero ahora son tres los espectadores, a saber: Papa Gabriel y sus dos hijas, Karen y
Ariela.
Cada vez que se acomodan para contemplarlo, Gabriel concentra su atención
en el ojo izquierdo de Hertzque. Y alli, por encima de la lagrima pintada, misteriosamente el ojo parpadea. Entonces, una
alegría intensa y profunda lo embarga, y lo hace sentir mas seguro.
¿Sabes una cosa?, el otro día, durante la cena de Rosh Hashana, la hija menor de Gabriel,
Ariela, entro corriendo agitada al comedor, donde la familia disfrutaba de la sobremesa. Gritaba,
reía, sus palabras se entrecortaban, casi no podía hablar.
Papa Gabriel abrazo a la niña, la calmo, y le pidió que explicara el motivo de semejante
escándalo.
Su hija, su pequeña y traviesa hija, relato como el ojo izquierdo de uno de los
señores del cuadro del living de la Bobe Delia, parpadeaba. ¡O lo que era mejor!, ¡Le habia
guiñado el ojo a ella!.
Los presentes se rieron, y Gabriel, con el corazón de niño latiendo nuevamente, le susurro al
oído tiernamente:
- Creo que ha llegado el momento de que te cuente la historia de Hertzque y
Yankl, dos
judíos de Polonia, de la ciudad de Lodz, de la segunda guerra mundial... pero mira que es un secreto...
" A la memoria de mi abuelo Enrique y mi padre Daniel " Z"L
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