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ANA
JEROZOLIMSKY
PERIODISTA
¿Cuando comienza tu amor por el periodismo?
Inevitablemente, comenzó cuando empecé a entender el por qué de la pasión con la que papá (Z”L), hacía el Semanario Hebreo. Y fue creciendo con el tiempo. Pero debo admitir que en Israel recibí un gran empujón en este sentido-en el buen sentido de la palabra-ya que aquí es especialmente apasionante hacer periodismo.Aquí la sensación que se tiene a menudo es que uno está cubriendo historia mientras esa historia se sigue desarrollando. De hecho papá también lo hacía aquí en Israel, porque cada vez que venía, aprovechaba el tiempo de una manera impresionante y llegó a hacer 70 reportajes en un viaje!
¿Cuanto influyó en tu decisión el haber crecido dentro del Semanario Hebreo?
Influyó, sin duda, porque viví de cerca lo que era la
labor titánica de papá, aunque su periodismo como Director, con responsabilidad general por el Semanario Hebreo, en todos sus aspectos, es una cosa, y otra muy diferente es ser corresponsal en el terreno, con la única responsabilidad de cubrir acertadamente los eventos “de turno”.Es otro tipo de desafío. Pero sin duda el haber estado creciendo, como tú decís, dentro del Semanario Hebreo, me abrió al mundo del periodismo, que me fascina hasta ahora.
¿Cual fue el evento mas complicado que te tocó cubrir en tu carrera periodística?
Sin duda, todo lo relacionado a la violencia, que incluye peligros físicos, y al lidiar con el dolor que ésta provoca, es lo más complejo. Por un lado, cubrir atentados terroristas contra la población civil israelí, llegar a ómnibus o cafés destrozados y notar entre los restos de los vidrios
rotos, carne humana que quedó despedazada, si no una parte clara de un cuerpo ya sin vida, es terrible. Aunque lo peor fue lo que vi, hace casi un año, la primera vez que fui testigo directo de un atentado, la explosión en el ómnibus 19 en la calle Aza de Jerusalem, oyendo y viendo la explosión y subiendo al ómnibus a tratar de ayudar a los heridos.Eso superó cualquier cobertura que había hecho antes, en cuanto al horror que me hizo vivir.
En otras oportunidades, cuando entrevisté gente buscada por Israel y mientras hablaba y escuchaba, me preguntaba qué pasaría si justo ubican a mi interlocutor cuando está frente a mi micrófono, también sentí que la situación era complicada. O situaciones en las que estaba en lugares considerados bastiones de Hamas o Jihad Islámico y me preguntaba a mi misma qué sucedería si a alguien se le ocurre súbitamente que tengo “cara de judía”.Quizás no salía con vida. Habría muchos ejemplos más, de los que por ahora, por suerte, salí ilesa.
¿Como puede un periodista en Israel mantener su objetividad ante hechos tan movilizadores como los que ocurren a diario?
Sinceramente, no creo que existe la objetividad pura y absoluta, porque somos seres humanos y no robots.Pero eso no quita que haya profesionalismo al enfocar el trabajo.Un colega compatriota, Alfonso
Lessa, me preguntó años atrás en qué se manifiesta el hecho que soy judía , en mi trabajo periodístico.Y yo respondí que se manifiesta únicamente en el hecho que jamás olvidaré que también hay una versión israelí de las cosas.Eso no significa automáticamente decir que Israel tiene siempre toda la razón y los palestinos siempre se
equivocan.No, en absoluto.Creo que la situación es mucho más compleja que eso.
Si por eso de “mantener la objetividad” se entiende que una descripción de los hechos en determinado incidente, sea del lado que sea, no la presente como una opinión o un editorial, pues creo que logro hacerlo, porque parto de la base que estoy para contar lo que ha pasado y para explicar la situación en el terreno.Si me piden una opinión, un juicio, es otra historia.La base es comprender que hay que distinguir entre la noticia pura y el análisis, entre la información y la opinión.
¿Que ocurre ahora que murió Arafat?
Ante todo, tanto del lado israelí como del lado palestino, se habla con un tono esperanzador.No han desaparecido los problemas, en absoluto y hay aún muchos desafíos por resolver.Pero se ha abierto una puerta al diálogo, con la desaparición misma de Arafat.Recordemos que Israel lo presentaba oficialmente como un obstáculo en el camino, por lo cual cabe suponer que si él no está, el camino se ha abierto.Claro que no es tan sencillo, que hay que ver qué sucede con las elecciones palestinas y qué capacidad de maniobra tendrá quien al parecer quedará confirmado como sucesor de
Arafat, Abu Mazen. Pero el enfoque ahora es otro y la sensación es que con Abu Mazen sí se podrá
hablar.Además, el elemento central por el cual se puede hablar de esperanza de cambio, es el hecho que Abu
Mazen, aunque ha tenido estos días algunas declaraciones problemática para Israel, ha sido categórico en su condena de los atentados y en su afirmación de que la “militarización de la intifada”- o sea el uso de las armas durante la misma-han sido un error. No alude a argumentaciones morales sino al perjuicio que el terrorismo provocó a la causa
palestina. Pero mientras lo que cuente sea que el nuevo liderazgo intente cambiar la situación y frenar el terrorismo, bienvenido sea.
¿Como vislumbras la futura paz en Israel? Cerca?
No, no muy cerca.Creo que las cosas realmente pueden mejorar con Abu
Mazen, aunque es prematuro cantar victoria, pero paz en el pleno sentido de la palabra, no creo que ya esté por llegar.Los grupos radicales están decididos a mostrar la retirada israelí de la Franja de
Gaza, planeada para dentro de unos meses, como su propio logro, o sea como el resultado de sus ataques que “empujaron” a Israel hacia afuera y lo expulsan de Gaza.Será difícil luchar contra eso, que desatará un círculo vicioso de más violencia.Por otro lado, sin la retirada, tampoco es solución, aunque es un tema muy discutido por cierto en Israel. De todos modos, después de más de cuatro años de intifada, será necesario mucho más que un entendimiento entre los gobiernos para poder hablar realmente de paz.El daño es mucho, hay una profunda sensación de sufrimiento y de ser víctimas-ambos lados se sienten como tales- y eso no se arregla solamente con la firma de acuerdos, sino que debe filtrar al pueblo.La marcha atrás para poner las cosas en su lugar, llevará mucho tiempo.Pero claro está que inclusive si se logra mayor calma, aunque todavía no paz verdadera, es mejor que la
violencia y el terrorismo.
¿Por que decidiste hacer aliá?
Porque sentí que como judía, mi realización plena podría estar en Israel, aunque seguí y sigo amando muchísimo a Uruguay, que también será siempre mi país. Quería estudiar en la Universidad Hebrea de Jerusalem y allí empezó mi camino en Israel, que luego me llevó a una radicación clara, aunque evidentemente ya vine decidida a ello.En la práctica, todo se fue encausando también de esa manera.
¿Que extrañas del Uruguay y que no extrañas?
Extraño a la gente.Y no me refiero sólo a mi gente, mi familia y amigos-me encantaría poder nombrar aquí a todos-sino a la gente de Uruguay en general, al tipo de gente, a la sencillez y el campechanismo de los uruguayos.En aspectos más prosaicos, la verdad es que extraño los chivitos (comunes,sin muzarella!)y la fainá.No extraño la playa, aunque en Jerusalem tampoco tengo. A Uruguay lo voy a llevar siempre conmigo.China Zorrilla, a la que entrevisté años atrás en Jerusalem, me dijo una vez que la mamá le decía que cuando se fue a Buenos Aires, ella se llevó a Uruguay en la cartera.Yo me lo llevé en el corazón.
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