LA
IMPORTANCIA DEL JUEGO
“Jugar
es hacer, el juego compromete al cuerpo, el jugar tiene siempre una
implicancia corporal, implica una acción sobre el mundo y modifica a su
vez el mundo interno” (Winnicott, 1971).
Cuando
hablamos del juego, lo hacemos teniendo en cuenta sus distintos
aspectos: placer, gesto, cuerpo en movimiento, creación, palabra, donde
el niño pone "en juego" su realidad interna y externa en
relación al ambiente y a los otros.
A
lo largo de lo que ha sido la historia de la psicología, fueron muchos
los autores que ubicaron al juego en un lugar de privilegio, no sólo
para la terapia infantil sino fundamentalmente como medio para el
desarrollo íntegro de la persona.
Uno
de los autores que destacó y puso en un lugar preponderante al juego
fue D. Winnicott que lo consideró esencial en el proceso que lleva a
convertirse en persona. Decía este autor que “lo
universal es el juego, y corresponde a la salud: facilita el
crecimiento... conduce a relaciones de grupo; puede ser una forma de
comunicación…”
(…) En la obra de Winnicott, la importancia del juego está en el
“estar jugando” (playing), como transicionalidad. Espacio intermedio
entre el adentro y el afuera. El juego importa como elaboración psíquica
antes que los contenidos que encierra. Es terapéutico porque
permite transiciones no por la interpretación de sus contenidos. Si
bien el juego es esencial para la vida emocional, el desarrollo del
mismo depende en gran medida del
contexto familiar en el cual el niño crezca. Su ambiente, su madre, su
padre favorecen o no el crecimiento.” (Alicia Baranda ,7º
encuentro Latinoamericano de Winnicott, 1998).
El
juego de movimiento, también llamado de sostén, es la primera conducta
lúdica. El bebé agita los brazos y las piernas; le divierte el
movimiento en sí. Ello contribuye a la construcción de la imagen
corporal y a la
diferenciación. Esta actividad lúdica continúa en forma incesante a
lo largo del desarrollo, (cuando sube y baja escalones, trepa, se hamaca
,salta a la cuerda, etc.).
Alrededor
de los tres meses, el niño aprende a jugar no sólo consigo mismo sino
también con objetos. Al principio, utiliza para ello únicamente los órganos
sensoriales, por ejemplo la boca para “chupar”y reconocer.
Lentamente estas conductas pasan a tener un valor lúdico que le
permiten al niño descubrirse e
ir abriendo caminos que le
permitan pensar y pensarse.
Alrededor
de los 5 meses, se inicia el llamado juego del ocultamiento o el
escondite que ayuda a elaborar el concepto de la “pérdida temporal”
de la mamá. La madre se tapa los ojos – “ahora no estoy” -, luego
se los destapa,
-“ya
he vuelto”- . Esto es la preparación para ausencias más prolongadas.
Tiene
el mismo sentido la aparente manía del niño de arrojar objetos y
exigir que se los devuelvan. Ello también le permite
aprender a recuperar objetos y a medir las distancias.
En
la segunda mitad del primer año, surge un nuevo interés en sus juegos:
el niño descubre que algo hueco puede contener “cosas”. Esos
juegos, primero los realiza con su cuerpo y con las personas que lo
rodean; luego, pasa a jugar con objetos inanimados: el agujero de la bañera,
caños, tacita, el agujero de una cerradura, etc.
A
los dos años, el juego tiene características bien marcadas: es
paralelo y solitario; aunque es posible el juego cooperativo si un
adulto lo propone.
Es egocéntrico, porque juega en relación a sí mismo, a sus
deseos; y es imitativo puede llamarse juego dramático; es una imitación
de la vida adulta. Los niños juegan por ejemplo a ser mamás o papás.
El
juego simbólico, encuentra su apogeo entre los 2 y los 5 o 6 años de
edad. Es el juego de la imaginación, jugar al " como si " o
"jugar a que yo era", un ejemplo de ello es poner tres sillas
en fila y hacer de cuenta que es un tren o un avión. En él, el niño
puede construir símbolos, con los cuales expresa todo lo que no puede
manifestar de su experiencia vivida por medio del lenguaje verbal.
Finalmente
en la edad preescolar comienza la actividad de jugar según reglas.
Es
aquí donde el niño realiza el aprendizaje de la competencia y de
compartir roles mediante variedad de juegos (ludo, lotería, damas,
cartas, etc.).