Medio Oriente:
¡Cuanto peor, mejor!
Autor: Por
Alberto Mazor (Desde Israel)
Varios académicos e
intelectuales palestinos llegaron a decir en
estos días que lo ocurrido últimamente en
Gaza dejó al pueblo palestino, y al proyecto
por lograr su independencia, en una
situación mucho peor de lo que estaba cuando
se creó el Estado de Israel en 1948; y que
ellos consideran -la situación- como la peor
catástrofe de su historia.
No
sólo es posiblemente cierto, sino
que cabe preguntarse si esa
consideración no podría extenderse
también al conjunto de la región:
Gaza en guerra y sumida en un
proceso de creciente y radical
islamización, El Líbano en la cuerda
floja, e Irak como un escenario de
interminables atentados terroristas
y ataques suicidas.
La intervención, bastante disimulada
pero efectiva, de los gobiernos de
Siria e Irán en todos estos
conflictos está llevando a Medio
Oriente a un escenario lamentable,
en el que las primeras víctimas son
los propios habitantes de estos
países. |
Alberto Mazor |
De hecho, se ha
desencadenado una guerra abierta por la
supremacía regional por parte de dos
Gobiernos claramente hostiles a las
posiciones occidentales, y no menos
alérgicos a las libertades individuales, que
están maniobrando sin ningún escrúpulo con
los desastrosos efectos secundarios que
tienen sus intervenciones para la población.
Con dosis extremas de violencia, y a través
de grupos radicales controlados a distancia
-Hamás y Hezbollah-, Damasco y Teherán
continúan jugando al peligroso juego del
"cuanto peor, mejor".
En el caso de Gaza es donde más claramente
se ve cómo ha sido anulada hasta la
determinación de Arabia Saudita, que había
apelado a su capacidad económica y política
para tratar de imponer la paz entre los
palestinos y que ha quedado marginada frente
a las acciones violentas, alentadas desde
Siria e Irán.
Igual que Arabia Saudita, los poderes
occidentales no sólo no han logrado detener
la progresión de los extremistas de Hamas,
sino que se encuentran -ahora- en una
posición en la que no pueden utilizar
ninguna de las fórmulas que habían diseñado
para abrir puertas a la negociación. Todo
permanece gravemente bloqueado y apunta a un
deterioro constante de la situación, cada
vez con menos salidas.
Gaza en manos del
Hamas
Los últimos
acontecimientos en Gaza se traducen en una
división de facto del pueblo palestino, en
la medida en que cada una de las dos
porciones que constituyen los territorios
donde habitan -Gaza y Cisjordania- estarán
bajo control de distintas agrupaciones
políticas, enfrentadas entre sí y sin unidad
de conducción. La crisis que significa Gaza
en manos exclusivas del Hamas tiene, sin
embargo, un carácter mucho más grave, que
trasciende a la mencionada fractura. Es
sabido que Hamas se define de línea
islamista radical; su intención es gobernar
Gaza de acuerdo con la Sharía o ley
islámica, por lo que muchos de sus
postulados programáticos coinciden, en
cuanto a extremismo y beligerancia, con los
esgrimidos por naciones como Irán o
agrupaciones como Hezbollah, Al Qaeda y los
Hermanos Musulmanes.
En este contexto ideológico-religioso, un
punto central es la no aceptación de la
legitimidad de la existencia del Estado de
Israel y, por tanto, la aspiración a
destruirlo. La firmeza de tal convicción se
ha mostrado repetidamente a lo largo del año
y medio en el que Hamas formó parte integral
del gobierno de la Autoridad Nacional
Palestina. Ni los boicots económicos ni las
presiones políticas consiguieron
flexibilizar su postura.
Pero el problema que afrontará de ahora en
adelante es que sin la cobertura que le
brindaba su alianza con Al Fatah, el
contacto con el mundo, las ayudas
financieras y la organización de los
servicios que dependen de Israel -el
suministro de agua, luz, gas, teléfonos, etc
- se verán obstaculizados aún más, para
desgracia de la población civil de Gaza, que
no sólo quedará sujeta a la férrea
imposición de las normas islámicas
radicales, sino que -además- verá
incrementarse su miseria y las carencias de
todo tipo.
Un pensamiento racional podría deducir que
en tales circunstancias no le quedaría más
remedio a Hamas que ablandar sus
convicciones y moverse en dirección a un
reconocimiento de facto de la existencia de
Israel. No obstante, dada la naturaleza del
fanatismo asociado al fundamentalismo
islámico que lo caracteriza -el "shaid", o
mártir terrorista suicida, es exaltado como
el máximo honor al que un musulmán puede
aspirar- es muy posible que Hamas se
mantenga firme en su postura, aun cuando
ésta conduzca a un inimaginable deterioro de
las condiciones de vida de la gente bajo su
control.
Entre el Hamas y Al
Fatah
En el pasado,
Hamas consiguió popularidad y seguidores, no
sólo al atractivo de su discurso radical
islámico, sino -sobre todo- por haber
establecido una eficaz red de servicios
sociales que le proporcionaron una clientela
política nutrida, totalmente harta de la
corrupción de Al Fatah desde los tiempos de
Yasser Arafat. Sin embargo, hoy la historia
es muy diferente: la mayoría de los
habitantes de Gaza sabe muy bien que Hamas
es el gran responsable de su deplorable
estado actual, el cual promete ser peor en
un futuro inmediato. Se trata de una
agrupación evidentemente responsable de que
la liberación del pueblo palestino y la
creación de un Estado independiente (y
unificado) sea hoy una meta con
posibilidades decrecientes.
La situación árabe
regional
Durante
décadas se ha dicho que gran parte de los
problemas que ha tenido Occidente con el
mundo árabe se debían a su inactividad para
contribuir a la solución del problema
palestino. Cabe preguntarse ahora a quién es
atribuible la persistencia de esta situación
injusta, a la vista de los constantes
esfuerzos que se hacen desde estos sectores
violentos para que no se resuelva, y a la
vista de los sucesos de las últimos semanas,
incluso para que empeore.
Cuando se toma en cuenta el albergue que
Siria proporciona a grupos terroristas
islámicos y la constancia de que Irán está
haciendo todo lo posible para asentar su
hegemonía regional construyendo armas
nucleares, es evidente que nadie puede tomar
a la ligera lo que está aconteciendo en
Oriente Medio.
Fuente: Nueva Sion
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