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Europa ante el fenómeno del
integrismo
Por George Chaya
Exclusivo para Infomedio
El 9/11 marcó el punto de inflexión en las relaciones con los países del
Oriente Medio. Ese mismo Occidente, transcurridos mas de ocho años
continúa sabiendo muy poco del yihadismo militante. A menudo se aprecia
confusión entre Islam, arabismo e islamismo y es notoria la ausencia de
elementos de juicio para conceptuar con objetividad cuál es realmente el
contexto en el que se desarrolla y proyecta el integrismo.
Una característica significativa del Islam es la no separación entre
política y religión. Concretamente, el Islam es un modo de vida, una
organización política. En tanto que el islamismo es una fuerza
ideológica-militar. Esto explica su exitosa expansión por Oriente Medio,
Norte de África, Sur de Asia y Europa Occidental y, aunque nació en el
mundo árabe y el árabe es su lengua común, el 68% de los 1.400 millones
de personas que profesan el Islam no son étnicamente árabes. Por tanto,
uno de los errores más frecuentes es creer que ambos términos (árabe y
musulmán) son sinónimos. Por caso, Indonesia es un país islámico de los
más importantes en el mundo musulmán y no está situado en Oriente Medio
ni sus ciudadanos son étnicamente árabes. Tal confusión, desconocimiento
y prejuicios, entre otros, han contribuido al difícil reconocimiento del
fenómeno del integrismo radical.
Entender la cosmovisión del integrismo no es complicado para quien lo
quiera ver despojado de las gafas de la miopía ideológica. Los
fundamentalistas opinan que los sistemas políticos han fracasado y no
han sabido responder a los retos del siglo XX. Esas agrupaciones, como
la que encabezan los Talibanes en Afganistán, tienen como meta volver a
las fuentes primigenias del Islam: el Corán, la sunna (tradiciones de
Mahoma) y la sharia (ley islámica), a la vez que promueven el rescate de
los valores propios e intrínsecos de la religión, la restauración del
Estado Islámico y el rechazo a toda innovación. En virtud de lo
anterior, su lucha es tanto contra Occidente como contra los regímenes
laicos de los propios países árabes a los que consideran apostatas.
La comprensión por parte de funcionarios de la UE en relación al tema de
la democratización del mundo árabe, al igual que lo referido a la
expansión de la yihad militante y el avance de la ideología integrista
en Occidente no solo es acotada sino que es incompleta. Muy poca
dirigencia europea tiene en claro que si no fuera Irak, Gaza o
Afganistán, sería Somalia, Argelia, Chechenia, Londres, Paris, Madrid o
Frankfurt. Se ignora que “el integrismo no es una reacción determinada
ante un punto de controversia”, por el contrario, “es una fuerza de
combate ideológico-militar con una visión del mundo a la que aplican sus
estrategias fundadas en la teocracia que sostienen a partir de una
severa y perjudicial distorsión de las creencias religiosas”. El hecho
de que Estados Unidos haya ido a Irak y Afganistán en la era del ex
presidente George Bush e incluso la decisión del actual presidente Barak
Obama de enviar 30 mil soldados adicionales allí y si ello ha sido o no
acertado es otra discusión. Ni Irak ni Afganistán crearon yihadismo,
todo lo contrario, los yihadistas son la prolongación de la guerra en
Irak donde el mundo pudo apreciar sus tácticas y operaciones, y más aún,
pudo conocer que existían.
Las elites políticas europeas interesadas en preservar sus países de
esta problemática deberán responder con políticas adecuadas para
proteger sus intereses nacionales y sus ciudadanos dentro del marco
legal y con las herramientas que las instituciones democráticas ofrecen.
Pero previamente debe haber concientización respecto del problema,
entonces si, en una segunda fase podrá ser abordado con éxito. Los
integristas son innovadores y no escatiman recursos materiales al
momento de avanzar en sus planes, menos aun si tenemos en cuenta que los
autores identificados de los ataques a los buses de Londres eran
personas nacidas en Inglaterra, este dato nos muestra que el balance
europeo no ha sido malo para la yihad global. ¿Por qué seria malo
intentar ampliarse a otros países de Europa donde existen gobiernos
considerados blandos por los yihadistas? Se trata de una guerra; ellos
lo saben y están tratando de utilizar todos sus recursos disponibles
para desarrollarla y ganarla.
En consecuencia, la primera medida a tomar por la dirigencia europea
debería ser la de neutralizar su instrumento más poderoso: “la
ideología”, si se identifica claramente esta ideología y se educa a los
ciudadanos y al público en general, se podrá luchar con éxito contra
ella. No hay que olvidar que las matanzas diarias de musulmanes a manos
de otros musulmanes en ataques suicidas en Oriente Medio no es el
principal factor de debilitamiento de la doctrina integrista de Al-Qaeda
o de otros grupos radicales a los ojos de los islamistas, contrario a
ello, es la propia incapacidad de Al-Qaeda y el Taliban para derrotar a
los infieles como prometió a sus adherentes y seguidores, y ello es así,
aunque esto no es comprendido cabalmente por algunos sectores de la
elite política de Europa. Esta realidad es diferente dentro la opinión
pública y la dirigencia del mundo árabe, y aunque ella está dividida,
los que apoyan a los integristas no han cambiado sus ideas al respecto,
pero también hay muchos musulmanes con ideas de libertad y
democratización de sus sociedades que están criticando las acciones de
Ben Laden o los juicios y ejecuciones de disidentes, homosexuales,
mujeres y menores de edad en Irán.
Esos ciudadanos musulmanes que se oponen a estas cuestiones son quienes
generan los mayores signos de debilidad en grupos como Al-Qaeda o en el
régimen iraní, los daños suelen ser tantos como si se los enfrentara
militarmente, recuérdese la reacción popular de la “revolución verde”
ante la controvertida re-elección del presidente Ahmadinejad en junio
pasado.
No obstante, muchas personas en Occidente podrían ser consideradas como
simpatizantes de la causa del islamismo militante solamente por sus
posiciones anti-imperialistas, anti-sionistas, judeofobas o por su
oposición ideológica a los EE.UU. y a los países desarrollados de Europa
Occidental; pero muchas de estas personas, no son capaces de dar una
respuesta razonable sobre la naturaleza de la ideología que apoyan, por
el contrario, ellos esquivan el debate realista imponiendo su visión
propia de la realidad ante los hechos y las acciones que los integristas
ejecutan contra los propios ciudadanos árabes, ello ocurre generalmente
por la influencia de la ideología hostil que profesan hacia el propio
Occidente del que forman parte.
Del mismo modo, muchos intelectuales son renuentes a aceptar la realidad
de que el integrismo es “una ideología y un movimiento”, no pocos
analistas y expertos focalizaron el problema –erróneamente- en
diferentes direcciones tratando de explicar el fenómeno lejos de sus
raíces históricas.
Tal vez el desconocimiento de la lengua árabe, la falta de experiencia
sobre el terreno, como también la ignorancia intelectual en relación a
la idiosincrasia y cultura del mundo árabe en general hayan tenido
efectos negativos en los analistas occidentales al momento de abordar
comprensivamente esta situación. Muchos de estos intelectuales adoptan y
refieren conclusiones ajenas a la esencia del integrismo radical
confundiendo a menudo “Islam o creyentes musulmanes” con “islamismo e
islamistas”. En el debate político árabe no hay tal cosa. La realidad es
simple: más allá de Al-Qaeda y otras organizaciones similares, “el
integrismo radical es una ideología global llamada yihadismo” y ella no
guarda relación con la naturaleza del Islam o con los millones de
creyentes musulmanes.
Del mismo modo, se entiende que los referentes de grupos radicales como
Osama Ben Laden sólo son personas a quienes la historia les deparó un
tiempo de protagonismo dirigencial en sus movimientos políticos y grupos
comunitarios. Pero la fuerza de la ideología que encarnan los
trascenderá en el devenir de la historia, ellos un día no estarán, pero
la ideología seguirá generando y produciendo nuevos líderes en sus
respectivos movimientos. Así, Al-Qaeda es vista como una organización
central para los integristas en todo el mundo, donde la mayoría de los
grupos militantes ve en ella el “centro de gravedad de sus ideas”.
Lo cierto es que Europa todavía tiene por ganar una guerra de las ideas
contra el integrismo militante si es que desea ayudar verdaderamente a
llevar la democracia y la libertad al mundo árabe y proteger a sus
propios ciudadanos como pregonan algunos de sus gobiernos.
La verdadera batalla se encuentra dentro de la antigua y culta Europa,
de sus medios de comunicación, de su opinión pública, sus académicos y
principalmente, entre aquellos que niegan el conflicto y los que quieren
abordarlo con responsabilidad.
No solo Al-Qaeda, también los Talibanes y demás grupos integristas serán
vencidos cuando se reconozca que hay una ideología violenta que
confronta con la libertad y neutraliza el modernismo desde sus
fundamentos teocráticos estructurales. Y no se trata de cuestiones de
doctrina religiosa o de ataques al Islam con bajezas y orquestadas
campañas de desprestigio, por el contrario, se trata de su rescate ya
que hay una gran mayoría -de millones de musulmanes- en todo el mundo
que no adhiere al islamismo militante y es la primera victima
involuntaria de esos postulados.
Por otra parte, aplicada en sus propios países, cada pueblo tiene la
libertad de vivir en la manera que desee, y sus gobiernos la potestad y
la obligación de gestionar políticas que ofrezcan a sus ciudadanos la
mejor forma de vida. Pero cuando esas políticas y esa ideología
confronta la estabilidad y la paz mundial desde dentro y fuera de sus
países, cuando se anula la idea de libertad en sus sociedades y los
derechos de las personas son arrasados por los que se dicen sus
representantes en la defensa de aquellos; es allí cuando esa ideología
se torna peligrosamente violenta y expansionista y se convierte en el
elemento que hay que tomar en cuenta, y para ello, en primer lugar, los
mejores aliados en esta confrontación son los mismos musulmanes en el
Oriente Medio y en segundo lugar la clase política-dirigente en Europa.
Estos actores son de vital importancia, cada uno en sus escenarios
locales. A falta de que esto suceda, se tratará de un círculo vicioso y
de sucesivas y estériles batallas militares, de una guerra sin solución
ni final.
La implementación de políticas exitosas de contención y neutralización
del fenómeno de infiltración en el continente europeo debe realizarse
prescindiendo de cuestiones ideológicas que hacen perder el foco de la
problemática, la democracia, los derechos humanos y la libertad no son
propiedad de derechas o izquierdas. La respuesta al problema no está en
apoyar o rechazar intervenciones militares acompañando o repudiando una
invasión, sino que depende de otros instrumentos del poder institucional
para prevenir las operaciones del integrismo y su influencia en el
mundo.
Observando el escenario actual, una estrategia de contención ante la
avance del radicalismo militante debería tener sentido para los
gobiernos europeos. La naturaleza del problema hace que deba ser
instrumentada una política madura y sólida en relación a la materia; es
peligroso <cuando se trata con actores no estatales> no disponer de un
marco legal de neutralización, es peor ignorar y podría ser catastrófico
esquivar el debate sobre la esencia de un tema, de tal importancia y,
relativo a la seguridad continental. Los integristas no disponen de una
gran fuerza militar y es de esperar que no dispongan un día de armas
nucleares.
Cuando refiero a políticas de contención, no significa una estrategia de
contención militar restrictiva de las libertades individuales de los
ciudadanos europeos ni de los inmigrantes, menos aun que se afecte los
derechos de las personas en general. No se necesita la aplicación del
estado de excepción. Lo que se debe hacer, es pensar muy cuidadosamente
el camino a tomar y los medios con los cuales impedir que el integrismo
pueda aumentar su influencia dentro de los países europeos y sus
sociedades como lo hace a través de la violencia en países del Oriente
Medio. Seguramente en el futuro y a largo plazo el integrismo como
ideología será derrotado, la yihad global no ganará, pero no se debe
obviar la aplicación de las medidas con las que se asegure que ella no
obtenga la victoria. Como sea, la derrota y el principio del fin del
integrismo a nivel global habrán de tener lugar cuando los ciudadanos de
los pueblos árabes rechacen con claridad y decisión a personas como
Osama Ben Laden, Ayman Al-Zawahiri y otros, y en la misma medida sea
descartada la ideología y la doctrina que ellos encarnan en su
mentalidad militarizada y extrema.
Considero que hay analogías que pueden extraerse en el caso del
integrismo con “la Guerra Fría”. La ex Unión Soviética perdió esa Guerra
en gran parte a causa de la falta de desarrollo interno dentro de la
Unión Soviética misma. El pueblo ruso fue quien ganó la Guerra Fría. No
fue Ronald Reagan en persona quien ganó solo esa guerra, fueron los
disidentes de la ex Unión Soviética y los de Europa Oriental. Fueron
también los gobiernos de Europa Occidental y hasta el Papa Juan Pablo II
quienes colaboraron en esa derrota del comunismo soviético, todas esas
personas demostraron que el sistema soviético no tenía ninguna
legitimidad y no podía prosperar, eso fue decisivo para que la dictadura
soviética implosionara y se derrumbara junto al indecente Muro de
Berlín.
Contraponer a la expansión de ideologías como la que se estimula en las
madrazzas de la yihad hace imperioso que no deban faltar los valores que
consagran y reconocen que los derechos de cada persona tienen un límite
infranqueable que debe respetarse y que está marcado por la frontera
donde comienzan los derechos de los demás. La verdad y el respeto, y no
la recreación arbitraria de los hechos, debe imperar en las relaciones
cotidianas que los hombres mantienen unos con otros y ello también en el
plano de las relaciones sociales e institucionales entre Oriente y
Occidente. Otro principio básico que no puede ni debe faltar, es el
respeto por la propia historia y las grandes tradiciones nacionales.
Cuanto más se acerca uno a los matices derivados de interpretaciones,
más se desvirtúa y falsifica la historia <como ocurre actualmente>, más
se erosionan los cimientos de las sociedades democráticas en favor de
las ideas totalitarias y más se extiende la desorientación y la
ignorancia del público y la ciudadanía. La historia, como es sabido, es
en sí misma una fuente permanente de valores y es también una guía de
orientación para las conductas públicas y privadas.
Es imperativo redescubrir los valores que se encuentran en las raíces de
un Occidente democrático independiente y libre. Un mundo sin valores es
un mundo vacío. En esta guerra de las ideas, Europa y Occidente todo, si
se considera democrático y ama la libertad, deberán trabajar con la
firme convicción de reconocer y asumir en su totalidad los grandes
valores humanos, espirituales y sociales que preceden lo mejor de su
historia, sus tradiciones y su cultura.
*George Chaya BA in
History, escritor, docente y analista político internacional experto en
asuntos de Oriente Medio e Ibero América. Escribe regularmente para
periódicos de España y los Estados Unidos. Su website personal http://www.georgechaya.org
se encuentra entre las más visitadas en la materia y sus conferencias
sobre geopolítica y el conflicto árabe-israelí suscitan alto interés y
convocatoria de intelectuales, dirigentes comunitarios, profesionales,
estudiantes y publico en general.
Reenvia: www.porisrael.org
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