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El juego de Siria
Ricardo Angoso
El régimen de Damasco no haría nada en caso de que el régimen iraní
fuera atacado por los israelíes en aras de evitar que Irán desarrolle su
programa nuclear y pueda fabricar armas atómicas. El juego de Siria no
ha cambiado, e Irán tan sólo puede esperar bellas palabras de Damasco en
caso de que sea atacado de una forma fulminante, algo que seguramente
sucederá en las próximas semanas.
A medida que crece la presión contra Irán, que definitivamente se ha
embarcado en un camino sin retorno hacia el desarrollo de su programa
nuclear pero también hacia el totalitarismo más abyecto, el régimen
sirio sigue mostrando la misma ambigüedad y sagacidad oriental de
siempre. Por una parte, se muestra receptivo y abierto hacia el
Occidente sin querer cerrar las puertas y, en la otra dirección, exhibe
su firmeza en la defensa rotunda del régimen iraní, con el que siempre
se entendió a las mil maravillas en un mundo árabe por lo general hostil
a los persas y que siempre mira con un rabillo de desconfianza hacia
Teherán.
Así ha sido siempre. Contundente en su retórica antisionista sin haber
puesto siquiera un héroe desde hace décadas en la lucha por la
destrucción del Estado de Israel, mientras mantenía negociaciones con la
“entidad sionista” en los más variados escenarios, el régimen sirio sabe
que en una confrontación directa con el ejército israelí saldría
vergonzosamente derrotado, como ya le ha pasado en otras ocasiones. La
Siria de los Assad, descarada patrocinadora del terrorismo en la región
a través de Hamas y Hizbulá, sus brazos armados en Gaza y Líbano,
respectivamente, ha mostrado al mundo en las últimas cuatro décadas su
capacidad para sobrevivir en un escenario adverso y cómo el funambulismo
político es posible en Oriente Medio.
Tras la Guerra Fría, y una vez perdido para siempre el apoyo de la
extinta Unión Soviética, los sirios comenzaron un tímido proceso de
acercamiento a Occidente, participaron en la Conferencia de Paz de
Madrid junto con los israelíes y, más tarde, aceptaron el repliegue de
sus tropas del Líbano, país al que incluso, contra el deseo de los
halcones de Damasco, reconocieron política y diplomáticamente.
El juego de Siria, pese al oscurantismo oriental y la opacidad propia de
un régimen autoritario incapaz de evolucionar hacia otras formas
política, es bien claro: combina la inútil y gratuita retórica proárabe
y filopalestina al tiempo que negocia entre bambalinas con europeos,
norteamericanos e israelíes, pero nunca comprometiéndose en la búsqueda
de un acuerdo global para la región, pues ello, paradójicamente, podría
ser fatal para su régimen. Siria, además, al tiempo que dialoga promueve
el terrorismo, con el fin desestabilizar la zona para después hacerse
valer con un peso político y estratégico ante sus interlocutores en el
camino por encontrar “soluciones negociadas”.
VIEJA ESTRATEGICA SIN CAMBIOS EN DÉCADAS
Esta estrategia, hábilmente manejada por el difunto Assad padre y
después por su retoño, le dota de legitimidad a un régimen carente de la
misma, pues en su discurso antioccidental y, por ende, antiisraelí
encuentra una fuente para la permanente manipulación política, la
movilización social y el rearme ideológico de ese cascarón vacío que es
el BASS –partido árabe socialista de Siria- desde hace ya largos años,
justamente desde que en 1970 Assad padre diera el Golpe de Estado que le
catapultó al Gobierno.
Así las cosas, entre esos dos caminos, el de la retórica antisionista
sin descartar hablar con el enemigo y el del terrorismo inteligentemente
atizado pero sin llegar al megacaos total, ya que eso tampoco le
interesa a Damasco, se mueve Siria en su calculado juego regional. Por
todo ello, y conocedores de que más allá de la retórica el régimen sirio
no va a hacer nada, los israelíes presionan ahora para que Europa y los
Estados Unidos actúen contra el régimen iraní antes de que sea demasiado
tarde y las fanforranadas de Mahmud Ahmadineyad se conviertan en cruda
realidad. Un Irán con armas nucleares, tal como pretenden los dirigentes
iraníes, sería el peor de los escenarios para el desestabilizado Oriente
Medio, preocupación en la que, por cierto, convergen los aterrorizados
dirigentes árabes moderados e Israel.
Sólo está por ver que harán los Estados Unidos, si finalmente darán el
visto bueno a la necesaria y ya casi urgente operación quirúrgica que
debe ser emprendida contra Irán sin más dilación, pues la diplomacia no
ha dado los resultados oportunos y, según fuentes israelíes autorizadas,
Teherán está a punto de llegar al final del camino en su abierto desafío
a la sociedad internacional. Que nadie tema por una generalización del
conflicto en la región, si el ataque se produce, ya que Siria no está
ahora en la posición de fuerza de antaño y sus viejos aliados, Rusia
principalmente, parecen más dispuestos a mirar para otro lado que a
embarcarse en arriesgadas operaciones de apoyo al impredecible régimen
iraní, también un peligro para sus intereses en Asia Central, Afganistán
y el mismo Irak. El juego de Siria no ha cambiado, e Irán tan sólo puede
esperar bellas palabras de Damasco en caso de que sea atacado de una
forma fulminante, algo que seguramente sucederá en las próximas semanas.
Reenvia: www.porisrael.org
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